Queridos lectores,
Ayer falté a mi habitual cita de los domingos, pero eso no significa que no tengáis un día mas tarde vuestra columna semanal escrita por una servidora.
Seguro que los que habéis leído el título con el que abro la columna, se habrá quedado un tanto sorprendido. ¿Es la misma Celia?; Si, no he cambiado. Pero alguna vez toca “mimaros…a mi manera”. Ahora sabréis por qué.
La realidad es que nunca he entendido a los que se disfrazan de sus personajes favoritos en el estreno de una película. Si eres un niño, puedo entender que la ilusión de parecerse a sus héroes haga que intente ser lo mas parecido posible a esos personajes. Así que si veo a algún “peque” disfrazado de Harry Porter, me parece divertido. Sin embargo, cuando quien se disfraza y hace una cola de horas para comprar un libro o entradas, es una persona adulta con la capita, la varita mágica y junto a otros adultos de igual facha, creo que se roza el ridículo. Alguno podría pensar que siguen siendo niños y que es su manera de demostrarlo, pero…¿Alguien entiende que sean mas histéricos que los mas pequeños?.
Podía hacer la misma comparación con los forofos futboleros. ¿Mala cara un lunes porque ha perdido tu equipo?. Creo que hay cosas muchas mas importantes en la vida que pensar que veintidós jugadores son los que te van a dar la felicidad un domingo por la noche.
Y ¡qué decir de los que ven en Belén Esteban su “princesa del pueblo”!. Aquí tengo que decir basta. ¿Cómo es posible que abunden los seguidores de un personaje tan detestable y vulgar?.
Eso me hace pensar que, viendo lo que hay por ahí, no es tan malo comprar cómics y tener como hobby coleccionarlos.
Eso sí, no te disfraces.
Celia.











