Entre las actividades que uno se plantea en las tardes-noche del verano, está la cervecita, tinto de verano o lo que a cada uno le plazca y le alivie el sofoco de las altas temperaturas, en las terrazas de cualquier paseo o esquina. ¿Qué tendrá que ver ésto con los cómics?, se preguntarán algunos. Aunque no lo parezca, mucho.

Me explico; En una de esas reuniones informales de amigos y conocidos, alguien habló de la continuidad. Pero no la de los cómics, sino la de la vida misma. Vaya por delante que entre mis amigos soy rara avis, ya que ninguno es lector de cómics. Tiempo al tiempo; Tampoco eran aficionados a las consolas y no paran de hablar de la Wi-fi y los juegos online. A la vejez, como decía mi abuela, viruelas. Pero no nos desviemos del tema que nos incumbe.

El caso es que no paraba de comentar que el pasado no se podía borrar y que ojalá se pudiera y demás reflexiones trascendentales que otorgan mas de una cerveza. Media hora mas tarde, todos asentían con la cabeza y se lamentaban de lo injusto de la linealidad del tiempo. Alguno recordaba la entrevista al puesto soñado donde metió la pata o la chica que se le escapó por no saber elegir el momento. Otros, pensaban por qué eligieron esa carrera o qué tenía en la cabeza cuando dejó los estudios. Estaba claro que, para todos, la continuidad era algo palpable.

Cuando todos parecían dar por zanjado el tema, intervine:”Sabéis, esto que estáis hablando es tema de discusión en, y no lo vais a creer, el mundo del cómic”. “Imposible”, respondieron casi al unísono. “Son personajes de ficción y se puede hacer lo que se quiera. ¿Quién se acuerda de lo que le pasó a hace treinta años (por poner una fecha, porque podían haber dicho cien perfectamente)?”.

Habían elegido el personaje perfecto, . Expliqué todo lo brevemente que se puede, sus historias de amor, las saga del clon, one more day, la tia may…Era importante que entendieran los vaivenes del personaje, los intentos de ruptura de su continuidad y de los pecados que cometía cada guionista, obviando todo lo anterior o modificándolo a su antojo. “La continuidad es lo único que puede hacer creíble las historias. El nexo del tiempo los acerca a nosotros”, dije en un momento de máxima excitación. Tras lo que pudo ser mas de media hora, uno de mis colegas, se levantó de su silla, apoyó una mano en mi hombro y me dijo:

“Eres un friki, tio”.

Pues eso mismo, ¿no?

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