Queridos lectores:

En este frío domingo de diciembre, antesala del invierno, quiero hablar de un tema que me tiene verdaderamente confusa. Y es que los cómics a menudo se comportan como cucarachas. ¿Por qué razón comparo el papel y la tinta del tebeo con uno de los insectos que mas odian las chicas?; Algún mal pensado, creerá que aquí se encierra un verdadero odio subconsciente, que pone al mismo nivel al único ser vivo que sobreviría una guerra nuclear con el noveno arte. Y nada mas alejado de la realidad.

La (des)afortunada comparación comenzó con los primeros días de convivencia en el mismo piso con, en aquel enconces, novio. Pronto comprendí que los cómics eran casi tan importantes que servidora. Unas estanterías, demasiadas para mi gusto, poblaron la habitación que haría las veces de su despacho. Allí, en perfecto orden, quedaban decenas, mejor dicho, ¡cientos! de cómics de todo tipo y colores. “Bueno, mientras se queden aquí…” pensé ingenua.

Un buen día, sin previo aviso, algunos cómics descansaban en la mesilla de noche. No dije nada, tampoco era una verdadera molestia. A los dos o tres días, lejos de disminuir su número, aumentaron. Eran, a mi parecer, demasiados. Con paciencia, decidí echar una mano y colocarlos en uno de los escasos huecos de esas bonitas estanterías que ERAN PARA CÓMICS. Fue un error.

ÉL me explicó que no los había leído y que los acumulaba para cuando le apeteciera leerlos. 

-Bien, pero mientras los lees, pueden estar colocados- le dije

-No, porque sólo se ordenan si están leídos- respondió.

Así que regresaron a la mesilla. Creí que allí acabaría todo. Segundo error.

Una tarde, después de una larga jornada de trabajo, decidí que era un buen momento de sentarme y hacer un poco de zapping. Al principio, no vi nada raro, pero…¡había cómics en el mueble del salón!. ¿Cómo era posible?; ¿No tenían su lugar en las estanterías que habían ocultado las paredes de una habitación?. De nuevo, me sacó de dudas.

-Su tamaño hace que no pueda ponerlos en las estanterías de la habitación. Eso lo que pasa con los Absolute.

-Vale, ¿Y qué?. Como si me importara algo que fueran Absolute, Omnibus u otros nombres extraños.

 Allí no podían estar.

-Son sólo dos. Lo prometo.

Las promesas tienen el problema de que rara vez se cumplen. Ahora son mas de diez los que llenan una balda del mueble. Quedan bien, la verdad, pero ya teníamos otro lugar colonizado. Y no era el último.

El revistero, los armarios…ahora cualquier sitio parece ideal para dejar un cómic. Lo peor es que empiezo a sentirme invadida por la plaga de los cómics. Con lo fácil que sería venderlos… pero eso quedará para otra ocasión.

Celia

Comparte esta entrada:

  • Bitacoras.com
  • Meneame
  • email
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Wikio
  • BarraPunto
  • RSS
  • Technorati
  • Ping.fm
  • LinkedIn