
Se acabó el extenso monográfico de El Día del Libro, y comenzamos a recuperar la tónica habitual de la web, esto es, reseñas, noticias, novedades y demás. Ahí vamos.
Tenía algo de temor al comprarme la miniserie escrita por Mark Millar. No sé muy bien por qué. Seguramente porque no entendía muy bien la relación entre el argumento de la historia con la imagen que tenía del guionista. Nada cuadraba. Leído el primer número publicado por Panini(los números #1 y #2 de la edición americana), todo está explicado.
A veces ocurre que echas la mirada atrás y cuesta recordar cuando empezaste a comprar cómics. Esa inocencia de los primeros años, ha dado paso a un adulto que lee, opina y critica lo que le está ocurriendo a sus héroes favoritos. Además, nada es como era antes. Películas, juegos, series de animación…aquel desván particular que significaba leer cómics, ha dado paso a toda una industria del ocio. Imposible pensar que esos niños que ves ahora, tengan la misma sensación que tenías tú al leer un cómic.
Todas esas sensaciones, las he recuperado con sólo las tres primeras páginas de 1985. Si, ha sido algo extraño. Ver al protagonista, Toby (un niño de 13 años) ojear el número ¿nueve? de las Secret Wars…me ha teletransportado a ese instante en el que el Doctor Muerte (con la forzada ayuda de Klaw) le robaba los poderes al Todopoderoso. De repente, yo era Toby. Era yo el que pasaba las páginas y hablaba con el librero, quien pensaba en cómo comprar el resto de la serie y sobre todo, era yo el que soñaba. Porque, para que engañarnos, leer un cómic a esa edad era soñar. El futuro, en el que vivimos y no es tan maravilloso como nos lo pintaban, podía ser lo que quisiéramos. Y dedicíamos que estuviera lleno de superhéroes. ¿Quién no ha soñado con volar?.
Millar, bajo esa premisa del aficionado preadolescente, nos lleva de la mano hasta esa época tan distinta a la que ahora vivimos. Estamos ante una ventana hasta nuesto pasado, alejado del mundo de fantasía al que nos transportaban los cómics. Somos testigos de nuestro pasado. Y, en ese mundo tan real, aparecen algunos personajes de cómic. Y sólo Toby parece ser consciente de ello. Un niño es el que ve la verdad. ¿Cuántos no soñamos en aquellos años ser protagonistas de una aventura así, donde se mezclaran personajes de cómic con la vida real?.
Podía decir que la miniserie tiene ese aire a Marvels, que tanto éxito tuvo, o que es tan cercana que parece una obra intimista, mimada y cuidada por un amante de los cómics, pero nada de eso supera a la sensación de estar leyendo tu pasado.
VALORACIÓN:AA+
En 1985, tenía 13 tiernos años. Mark Millar, muchas gracias por hacer un cómic sobre mi.
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