Hace unos meses, papá FNAC decidió que había gastado lo suficiente en los últimos meses y que podía devolverme algo de aquel dinero. Eso si, para volver a gastarlo en su tienda. Ellos no pierden…y yo gano un cómic.
El cómic en cuestión era uno de esos tomos que apetece leer. Warren Ellis, es uno de esos guionistas que todos los lectores seguimos. En Global Frequency, comprendí que puede contar una historia completa, con gancho y ritmo en veinticuatro páginas. Así que, al saber que Norma publicaba uno de esos proyectos tan particulares del guionista, en el que cada historia sólo tendría dieciseis páginas, supe que podía confiar supe que, tarde o temprano debería comprarlo. A su lado, Ben Templesmith, el tipo que cambió la imagen de los vampiros. El resultado, se llama Fell.
Fell. Ciudad Salvaje
Warren Ellis nos lleva a conocer a Fell, un detective de homicidios que es trasladado. Los motivos del traslado, un misterio que seguro conocemos en siguientes tomos, pero que en este caso nos deja con un enigmático: “hice cosas por las que fui aplaudido y otras que no gustaron a todo el mundo…”. Ese el Richard Fell, uno de esos detectives de homicidios que te cala con solo mirarte, con un punto de pedantería del que cree saberlo todo. Trasladado a Snowtown, un pueblo de mala muerte donde lo “anormal” es la normalidad. Decadencia, podedumbre…y no hablamos sólo de la ciudad, sino también de sus habitantes.
Durante ocho capítulos, en los que seremos testigos de un caso de homicidio que nuestro detective deberá resolver, veremos lo mejor y lo peor de la ciudad y sus habitantes, de cómo Fell descubre que ser el mas inteligente no le sirve de nada en muchas ocasiones y, sobre todo, que aunque lo niegue ha caído muy bajo. Tan bajo que todos saben que en Snowtown se encuentra una lápida con tu nombre. Sólo falta saber cuando te tocará ponerle fecha de entrada en ella.
No lo hemos dicho al inicio, pero siendo un cómic de detectives, nada tiene que ver con el llamado cine negro, aunque toma muchas cosas de él. Un comisario de vuelta de todo y que lo único que quiere es no complicarse la vida, una chica de pasado difícil y con la que comenzará una relación que iremos viendo evolucionar con el paso de los capítulos y, sobre todo, plasmar en viñeta mucho de lo que se ven en las páginas de sucesos.
Tampoco he hablado de Templesmith. Hace uno de sus mejores trabajos. Lleva esa atmósfera de aire sucio y corrompido que tanto vemos en cine. Impecable, le viene bien el estilo nueve viñetas que le impone Ellis. Suele centrar el detalle en los personajes y olvidar el resto, dejando en muchas ocasiones un boceto escaso en detalles. Pero, aún así, no hay un dibujante que se nos ocurra mejor para este cómic.
El travestido disfrazado de monja, la vuelta a la antigua realidad de Fell cuando en uno de los casos se reencuentra con Helen de la oficina del Fiscal…hay muchos detalles que están ahí y son parte de Snowtown y Fell, que forma un dueto indisoluble y del que nos esperan grandes momentos.
Hay un problema que no afecta a la lectura, pero que nos deja un poco defraudados y es que Ellis apenas ha escrito un par de números después de los ocho publicados. Una pena, pero la espera merecerá la pena.
VALORACIÓN:
GUIÓN: 8,5 DIBUJO:8,5
Dicen en la contraportada que es un proyecto inclasificable y, a la vez, incontesable. Quien haya tenido la idea de poner esa frase, sabe descifrar un cómic. Imprescindible















