Finalizada en España la etapa de Brubaker al frente del hombre sin miedo. Y lo hace justo en el número quinientos, no de la serie actual, sino si hiciéramos el cómputo total desde que apareció el primer número del cuernecitos.
Desde los tiempos en los que aparecía con el nombre de Dan Defensor, la doble D ha sido uno de mis iconos preferidos en el mundo del cómic. Gracias a Miller y, en menor medida, a Nocenti entendí al personaje. Con Kevin Smith, simplemente disfruté. Pero no estaba preparado para la llegada de Bendis.
Con Bendis, me emocioné. Un Matt Murdock adulto, deudor de su historia, que llegó al final de la etapa del guionista con nuestro abogado en la cárcel. Parecía que nadie podía superarlo…hasta que llegó Brubaker.
Si Brubaker me parece que no sabe muy bien qué hacer con La Patrulla X, me ocurre justamente lo contrario. Parece que Daredevil le estaba esperando. Con arcos argumentales cerrados pero que se continuan uno tras otro (como ocurre con Bendis), llegamos hasta el final de una etapa, no sólo del guionista, sino del propio personaje. El final es digno de un aplauso, uno de esos finales que se responden con un nuevo comienzo. Nada ha sido casual, nada dejado al azar. Viendo este último número, uno sabe que ha cerrado un capítulo que queda para la historia.
Nosotros nos quedamos sin el personaje hasta junio, cuando vuelve con su cruce con Reinado Oscuro. Pero, podemos disfrutar releyendo sus últimas aventuras, anotando aquello que parecía no iba a explicarse para tacharlo mas tarde, quitándonos el sombrero ante Brubaker.
Señor Diggle, esperemos que esté a la altura en el quinientos uno.

























