
Me está gustando esta nueva serie. Sinceramente, el segundo número me ha sorprendido para bien. Si bien podía tener dudas sobre lo que Duane Swierczynski quería para Cable y su jovencísima acompañante, en este número lo deja bien claro; Estamos ante una de esas persecuciones que dieron lustre al Western, con un perseguidor implacable, dispuesto a cualquier sacrificio (no siempre suyo) con tal de conseguir su objetivo. El escenario, cualquier tiempo futuro, se nos muestra apocalíptico, con los mutantes ocupando su lugar de marginados o extinguidos. Todos los futuros visitados, bien merecen un especial. Y es que, desde la aparición de Bishop y Cable, viajeros temporales, el tiempo Marvel se ha vuelto un poco caótico, sin saber si estamos ante futuros alternativos o es el que tendremos con el paso de los años.

Tiene ritmo, ese aire Mad Max que tan buen resultado da en cómic…y el dibujo de Olivetti, aunque le perdemos en el Giant Size que complementa el tomo. Sin duda, un excelente reclamo para hacerse con la serie. Se disfruta y…¡Necesito mas ración de Olivetti!.
A la historia de la persecución Bishop-Cable, se une el presente, con un Scott Summers preguntándose si ha repetido el error cometido con su propio hijo, Cable, al mandarle a un futuro incierto, pero que era mejor que la muerte segura en aquel momento. Scott, un sufridor, tiene nuevos motivos para hacer trizas su corazón. Ha mandado a la única esperanza mutante a lo que puede ser su salvación, pero no las tiene todas consigo.
Por último, el Giant Size, nos trae una de esas historias temporales, con paradoja incluida, donde todo lo que ocurre ya está grabado en la línea de tiempo que recorre Bishop. En este especial, vemos como la niña ha ido creciendo, y deja de ser el bebé que conocimos en Complejo de Mesías.
VALORACIÓN:A+
Buena lectura para este caluroso verano.
Reseña número Uno.










