
Noir. Parece que está de moda. Si hablábamos de un cómic ambientado en los años treinta, es noir. Y si tiene algo de novela negra, también. O policiaco. El caso es que en decenas de reseñas se habla de este estilo narrativo. Puede que la culpa la tenga Brubaker y su Incógnito, Sleeper o Criminal, pero parece que poner ese adjetivo a un título es sinónimo de éxito…o no. Porque el lector ya está demasiado “maleado” y empieza a ver con suspicacia cualquier intento de “colarnos” gato por liebre. Así que cuando Marvel comenzó a desvelar ese nuevo Universo ambientado en los años treinta, con sus portadas espectaculares y que irremediablemente te intrigaban, sentí esa misma sensación que con Ultimate o 2099. ¿Merecerá la pena o es sólo otro de esos proyectos que acaban en nada y es un cómic como otro cualquiera?. Espero sacar de dudas a los que nos siguen.

El primer título al que me acerqué fue Spiderman Noir. Miniserie de cuatro números, que no compromete a seguir una serie regular indefinidamente…y uno de mis personajes favoritos. Le seguí en su versión Ultimate, 2099 (que recuperamos en Los Exiliados)…así que tenía todas las papeletas para que llegara a mis manos. La portada, que por cierto me recuerda a Fantomex (otro proyecto Arma X, XI, XII..) pero cambiando blanco por negro. Bueno, a simple vista promete. El guionista, David Hine, es un viejo conocido. Cumplidor, así que muy mal no lo puede hacer. El dibujo, a cargo de Carmine Di Giandomenico, debe ser bueno. Giandomenico, el encargado de Magneto: Testamento, me sorprendió en la miniserie sobre la niñez del Amo del Magnetismo. Y las páginas de las previas, eran buenas, muy buenas.

El argumento
Estamos en la américa post Gran Depresión. Peter Parker, igual de huérfano que en la continuidad real, es sobrino de May Parker, una activista/sindicalista que defiende los derechos de los que no tienen nada. Ben Parker, el tío de Peter, ya ha sido asesinado, aunque la versión oficial es la de una muerte desgraciada. Y aquí tenemos los pocos puntos de conexión con el Spiderman conocido. También es un joven con espíritu científico y que trabajará para el Bugle, pero todo es muy distinto a lo que conocemos. La búsqueda de la verdad en el asesinato de su tío está en el trasfondo del argumento. Para ello, David Hine introduce en la ecuación a viejos conocidos del trepamuros: J.J. Jameson, Ben Urich y El Duende. A éste último le acompañan villanos clásicos del protagonista, pero con unos orígenes mucho mas interesantes y sombríos.

Podría parecer que en esta primera miniserie, ya tenemos al personaje con los poderes arácnidos desde el inicio y no es así. Gran parte de la miniserie, nos sitúa en el escenario de juego, mostrando los jugadores y sus motivaciones. Veremos a una Felicia Hardy muy distinta a la que conocemos, a un Ben Urich al que sus adicciones le pueden y un Peter Parker que ha dejado de ser el empollón sin sangre que todos conocemos. Aquí es un tipo de la época, algo mas inocente e idealista que sus contemporáneos, pero que conoce lo duro de la vida. Sabe que la corrupción campa a sus anchas en la ciudad y la obtención de sus poderes (aquí se nota las influencias de Straczynski) le convierte en un jugador que puede cambiar las cosas. ¡Y vaya que lo hace el chaval!.
Hine mueve la acción creando varios climax que elevan la tensión y crea realmente al personaje de Spiderman.
VALORACIÓN
GUIÓN:7,5 DIBUJO:7
Está claro que estamos ante otra “veta” que Marvel explotará hasta la saciedad. La miniserie es tan diferente a lo que leemos del personaje en la actualidad, que sólo por eso merece la pena. Aunque la acción va un poco acelerada al final, en general vemos claramente quien es quien en el Nueva York de los años treinta y la influencia de un nuevo jugador en el tablero. Espléndida la forma en la que Hine juega con los personajes conocidos y les da una vuelta para convertirlos en algo mas oscuro y sombrío. Quien imagine que se encontrará al mojigato de Peter, se llevará una sorpresa en uno de esos momentos cumbre, donde veremos que no es el Spiderman que todos conocemos.