
Los Elseworlds, What If y demás vehículos, para que los guionistas den rienda suelta a su imaginación y muestren realidades alternativas, son siempre bienvenidas por los fans de los superpoderes, trajes de mallas e identidades secretas. Y Superman: Hijo Rojo, es una de esas historias que seguro que rondaba por la cabeza a muchos lectores y algún que otro guionista.
Entre los que pensaban en la historia, estaba Mark Millar. De hecho, desde mediados de 1995 daba vueltas a como llevarla a cabo. Para él, Superman es como el hijo de Dios, que sólo busca que el mundo sea un lugar mejor para vivir. El el inmigrate definitivo, quien inventa una identidad secreta para adaptarse a su nuevo hogar. El germen de la idea, llegó con tan sólo seis años, al leer el número 300 de Superman, donde la historia mostraba la llegada de Superman a la tierra, pero esta vez aterrizando en aguas internacionales.

Pues bien, en 2003, apareció el primer número de Superman: Hijo Rojo, con Millar al guión. Tres únicos números, que debían resumir pasado, presente y futuro del personaje. Y ya sabemos que si de algo puede presumir Superman es de llevar 71 años en liza y esos son muchos para condensarlos y reinterpretarlos desde el punto de vista soviético.

El argumento, conocido por todos, nos lleva al momento en el que la nave kriptoniana llega a la tierra. Como bien dice Eishenower en una de las viñetas, ” 20 horas antes y hubiera caído en suelo americano”. Por contra, cae en tierras ucranianas, donde el personaje pasa su infancia en una granja. Pero la historia no parte desde ese momento, sino justo cuando el mundo conoce de la existencia del Hombre de Acero. Para los americanos, eso supone un mazazo en su objetivo de convertirse en la primera potencia mundial. Han perdido la Guerra Fría. Y Luthor entra en escena. Lex, casado con Lois Lane, nos muestra que sin Superman en los USA, se convertía en un científico brillante y lejos de la imagen del megalómano loco y obsesionado por acabar con Superman. Aunque todo cambia con la salida a escena del personaje. Desde ese momento, su vida se convierte en una búsqueda de la forma de eliminar al que considera su enemigo y el de la humanidad.
Los que siguieran la edición de Superman por parte de Norma, recordarán la historia en la que Superman pasaba de ser sólo un protector, para convertirse en algo más, abandonando la identidad de Clark Kent y siendo Superman a tiempo completo. Y comenzó a inmiscuirse en decisiones de tipo político y militar, obviando las advertencias de los que le rodeaban.

Del sueño americano a la pesadilla americana, en un instante. Millar, al llevar al personaje a la antigua Unión Soviética, tiene el campo abonado para crear una historia donde Superman pasa de ser el soviet perfecto, a un icono y por último, en el lider del país. De ahí a buscar la paz mundial, un paso.
Conforme avanzamos en la miniserie, vemos como Millar reinterpreta la historia desde comienzos de la década de los cincuenta, mostrando la evolución de las sociedades capitalistas y comunistas. También tiene tiempo de mostrarnos a Batman, Hal Jordan, Diana (Wonder Woman) y algunas versiones de los villanos mas famosos del personaje.
Lo mejor, en las páginas finales, con sorpresa y juegos con el espacio-tiempo incluidos.
VALORACIÓN:AA
Sin seguir al personaje últimamente, sinceramente, me aburrían las historias de los primeros números publicados por Planeta, este tomo mas alguno como Kriptonita, hacen que recuerde el potencial del personaje si cae en buenas manos.
Un lujo de historia, que aguanta mas de dos lecturas, encontrando en cada una algo escondido, ya sea en diálogos o en el escenario en el que ocurre la acción.

