
Tenía olvidado este manhwa en la estantería desde hacía mas de medio año, sin visos de que fuera a ser leído. De hecho, mi primer pensamiento al verlo ocupando espacio era la de relegarle a lugares menos nobles que el estante de madera. Pero, en el último momento, decidí que se merecía una ojeada. Si en su momento me pareció una compra interesante, ¿Por qué no darle una última oportunidad?.
Mis aproximaciones y lecturas al cómic del lejano oriente, se circunscribieron en su momento a Akira, Video Girl AI (gracias a la insistencia de un amigo) y poco más. La manía de publicar en el mismo sentido de lectura que los japoneses, me indigestaba cualquier intento de iniciar un cómic. Si, está Monster que en algún momento caerá en mis manos, pero mis compras nunca contenían nada manga. Y digo manga a sabiendas de que Historias Color Tierra no lo es, sino que al ser de origen coreano, se denomina manhwa. Y es que no es lo mismo en casi ningún sentido. En primer lugar, el manhwa se lee de izquierda a derecha (¡afortunadamente!), y pocas veces le veremos convertido en animación. Y lo dejo aquí, porque mis conocimientos en el tema son escasos y cualquier profundización me metería en terrenos resbaladizos.
Obviando mis escasos contactos con el manga o manhwa, que a la postre no ayudan a disfrutar mas de un cómic, Historias Color Tierra me empezó a interesar cuando comprendí la belleza del relato íntimo que Kim Dong-Hwa nos ofrece en cada capítulo. Llevando como hilo conductor el paso de estaciones, que nos hace entender el lento pero seguro transcurrir del tiempo, veremos como el autor asocia al personaje principal, Ihwa, hija de una viuda que regenta una taberna, a ese transcurrir de los años. Y lo hace pausado, deteniéndose en cada primavera, haciendo que la vida de Ihwa pase de niña a mujer en esas explosiones de fragancias y colores que ocurren en esa época del año. Desde el primer momento, acompañanos a madre e hija al territorio de los sentimientos, tanto de una a la otra como a sus amados, con un aire melancólico que invita al lector a pensar.
La forma en la que vemos crecer a Ihwa y su despertar al mundo, lo resuelve Dong-Hwa de forma elegante, ya que a cada estación se le asocia una flor, que en un sentido figurativo sustituyen a los personajes de carne y hueso y cuentan su historia. Se hace “raro”, encontrar tantos recursos narrativos y tanta belleza en un cómic, pero realmente están ahí, esperando a ser descubiertos. Los elementos alegóricos están en cualquier lado al que uno mire; La lluvia incesante que representa tanto a la espera de la madre como al de la hija, la belleza de aquellas flores que no lo son a simple vista habla de la belleza escondida y a punto de brotar de Ihwa…Un cómic que habla de la condición humana, de los anhelos y deseos, de los miedos y las dudas, es decir, de la vida misma.
VALORACIÓN: A
Una agradable sorpresa, sin duda