
Duro. Esa es la conclusión al terminar de leer el último tomo publicado por Panini de MAX: Punisher. Y algo de pena, al saber que van quedando cada vez menos números de la etapa de Ennis al frente del personaje. Sin duda, desde su primera aparición, allá en 1974, Punisher ha pasado de ser un psicópata desquiciado por la muerte de su familia, que incluso tuvo momentos en los que no llegaba a ver quien estaba a cada lado de la línea que separa el bien y el mal (que no lo legal o ilegal), a lograr manejar toda una gama de matices que le hace difícil reconocerlo con respecto a esos inicios. Llegados al número #54, empezamos a ver como, de forma inteligente, Ennis comienza a usar situaciones y personajes del pasado mas reciente de Punisher, de manera que el guión avanza, pero no olvida lo anterior.

El culpable de todo esto, Ennis, ha ido modelando a Frank Castle a su antojo, de forma que ha pulido aquello que tenía la forma que el quería y reconstruyendo lo que no cabía en el nuevo traje que le hacía al personaje. Los que comenzamos este viaje desde la llegada del guionista, hemos sido testigos de cómo el microcosmos de Punisher, ha girado 180º. Si, sigue siendo un maldito piscópata dispuesto a cargarse a cuanto mafioso se le ponga por el camino, pero el trabajo que se ha impuesto, es una condena, una cadena que le engancha a uno vida que no quería, que no pensaba, pero que es la que le ha tocado vivir. No se queja, pero le es imposible dejar ir la imaginación de cuando en cuando, y pensar que podía no ser diferente a cualquier otro, con una familia y comida por acción de gracias, con algún que otro kilo de mas. Cada nueva lectura de cualquiera de los tomos anteriores, me hace recordar a otros personajes, fríos, distantes y amargados como él. Alatriste, los personajes de Juego de Lágrimas, Serpico, 21 gramos…todos con una historia tras de sí, que justificarían muchos de sus actos, de los que ellos mismos no se sienten orgullosos. Aunque Frank parece disfrutar, muestra el cansancio del que ve lejano el final y duda (aunque sabe su respuesta de verdad) de que de que éste llegue algún día.

Con la excusa del regreso de Barracuda y sus ganas de venganza, Ennis compara al Castle de hoy y del pasado, del que es y pudo ser, y cómo su vida puede cambiar cuando se introduce un factor externo con el que nunca creyó contar. Hay violencia, si, pero ¿gratuita? no. Punisher es sinónimo de violencia, y Barracuda no le va a la zaga. Como si de una caza se tratase, vamos viendo cómo los dos hombres buscan la muerte del otro, uno por venganza, otro por evitar revivir su pasado.
Es una pena que, estemos a poco mas de una docena de números del final de la etapa de Ennis al frente del personaje. Le echaremos de menos, seguro.
VALORACIÓN:AA