El webcomic vs. el papel

rc-newLo admito: a pesar de lo bien que hablo de los webcomics, prefiero el papel siempre que sea posible. Y añado esto último porque, por muchas razones, no siempre es posible. Al respecto, quisiera compartir con vosotros unas reflexiones acerca del tema que ya hice en otro momento en un blog más personal. Seguramente, de este tema ya se ha hablado por ahí en algún momento, pero creo que no está de más volver a sacarlo.

Scott McCloud, en “La revolución de los comics”, dice que el medio digital es el medio “natural” de los comics. Personalmente, no estoy de acuerdo del todo con esa afirmación. El cómic, tal y como lo entendemos hoy en día, nace y se desarrolla utilizando como soporte el papel, y es en base a ese soporte que genera sus leyes y muchas de sus convenciones narrativas. El papel es una tecnología superior a la digital por varias razones:

  • Usabilidad: cualquiera sabe abrir un cómic y pasar sus páginas. No todo el mundo sabe como manejar una computadora, aunque sea mínimamente como para abrir un archivo que contenga imágenes.
  • Movilidad: un cómic puede llevarse de un lado para otro con mayor facilidad (incluso el tocho que es “From hell”) y mayor independencia que una computadora con un dispositivo de salida lo suficientemente efectivo para visualizar imágenes (probad a leer un cómic en una palm o una pocket pc, a ver que pasa)
  • Sensoriabilidad: esto me parece una ventaja menor en comparación con las otras, pero es que a pesar del valor que ha adquirido la información en nuestra época, el soporte con una tangibilidad mayor sigue llevándose la palma. En el caso del cómic además conlleva algunos elementos de corte fetichista (desde el olor del papel hasta el coleccionismo de ediciones).

book-reading-comicEstas ventajas superan a las desventajas del papel frente al medio digital, las cuales son fundamentalmente dos: costo de producción y costo de distribución. La tecnología digital ha reducido a un coste mínimo estos dos elementos, especialmente la distribución, siempre que se refiera a productos para el mismo medio digital.

Ahora bien, ¿es el soporte digital el lugar donde el cómic puede hallar los elementos necesarios para expandirse artísticamente, como expone Scott McCloud? Más allá de ciertos experimentos gráficos y de forma, no lo creo.

Supongamos que logramos romper las leyes narrativas impuestas por el soporte de la página en papel, descubriendo unas leyes nuevas para el desplazamiento por pantalla, la ordenación de las unidades narrativas, la movilidad del hipertexto, etc. Sí, el cómic habrá dado un gran salto adelante pero… ¿seguirá siendo cómic?

El mismo McCloud dice que, desde luego, si comenzamos a añadir sonido y movimiento a un cómic, otra tecnología terminará por tomar su lugar, una más efectiva para realizar su trabajo, como el cine (o el vídeo, que casi son lo mismo). Aquí coincidimos, como en la mayoría de cosas de su fantástico libro. Y es que las supuestas limitaciones del cómic (carencia de sonido y movimiento) son en realidad su fortaleza. De hecho, son su razón de ser. El cómic adquiere validez como instrumento intelectual en el momento en que exige la participación activa del lector para recrear en su mente los elementos sensoriales que faltan.

De la misma manera que si le quitamos el movimiento al cine, éste se convierte en fotografía (añádasele el adjetivo “narrativa” si se desea), el cómic con sonido o movimiento se convierte en un sucedaneo, en un quiero y no puedo entre el cine y el mismo cómic.

PAR128549Sin embargo, el argumento que plantea McCloud sobre las maneras de cambiar en el entorno digital las convenciones del cómic, las cuales provienen del entorno físico en el que crecieron, sólo me parecen adecuadas dentro del tono “manifiestista” que el texto va adquiriendo gradualmente, pero es, cuando menos, utópico. Todas esas propuestas que él lanza para encontrar o descubrir nuevas maneras de contar una historia, manteniendo al cómic dentro de sus parámetros básicos (representación del tiempo usando el espacio, la convocatoria del lector para su participación en la historia por medio de la representación mental del movimiento y el sonido), no son más que experimentos artísticos que dudo lleguen a cuajar de manera efectiva convirtiéndose en la regla en lugar de la excepción.

A pesar de las ventajas de la “hipertextualidad”, ese no es un camino que los comics deban seguir… o por lo menos en un 100%. Mucho se ha dicho acerca de la conexión de ideas que realiza el cerebro, una conexión “a saltos”, pero creo que, independientemente de ese funcionamiento, creo que lo que más nos ha de importar es nuestra percepción de la realidad, que se realiza de manera lineal. Para nosotros, las cosas suceden unas detrás de otras, a pesar de que seamos incluso capaces de percibirlas a la vez. El lenguaje (el nuestro, el castellano) es una clara muestra de esto, pues a pesar de que narremos dos cosas que suceden al mismo tiempo, a la hora de narrarlas nos vemos forzados a colocarlas una detrás de otra. Por ejemplo, “abría la puerta mientras sonaba el teléfono”. “Mientras” sirve para indicar que las dos acciones sucedían al mismo tiempo, pero al narrarlas me he visto obligado a poner una delante de la otra.

Debido a esa naturaleza lineal de la narración a la que nuestro lenguaje nos obliga, creo que los intentos del hipertexto, o de aquellos que lo utilizan, de convertir a una narración en un todo en el que de un vistazo, o con un examen profundo de poca complejidad, se puedan observar todas sus facetas, están condenados al fracaso.

2463007473_0a30db1690 Otra de las razones por las que creo que Internet, o el medio digital, no es el medio natural del cómic reside precisamente en que tal y como se plantea la participación del lector, ésta es excesiva. No creo necesario o hasta imperativo que el cómic esté totalmente integrado al hipertexto recurriendo a él como recurso narrativo. Como añadido puede resultar muy útil, no lo niego. Imaginemos una versión digital de “From hell” en la que cada viñeta conduzca a su respectiva nota “al pie”, las cuales aparecían al final del tomo en la edición impresa recopilatoria. ¡Sería una maravilla! Podrían estar incluso en audio y hasta leídas por Alan Moore (traducidas, por favor). Pero esas notas, al fin y al cabo, son accesorias: no son indispensables para poder leer y comprender la historia.

Ahora bien, imaginemos que para leer una historia fuese necesario estar haciendo continuamente clics por todas partes, volviendo una y otra vez a diferentes lugares para seguir distintos hilos de la historia… Creo que un intento así no hallaría respaldo entre el público. ¿La razón? Demasiada interacción: además de cansar, distraería al lector del hilo principal. Estos ejercicios narrativos podrían resultar interesantes de manera esporádica, pero no como norma. Si todos los libros fuesen como “Rayuela”, leería muchísimo menos de lo que lo hago (lee dos páginas, sáltate veinte, vuelve luego atrás… ).

61427655.clintonstoreCreo entonces que el medio digital no es el natural del cómic, sino que la página en papel lo sigue siendo sobre todo por las ventajas anteriormente enumeradas. Personalmente, tengo una palm en la que leo la mayoría de las cosas que leo. Pero sigo prefiriendo los libros en papel: su movilidad, su curva de aprendizaje para su manipulación y su independencia de una fuente de energía para su accesibilidad una vez producido. Otra cosa es que la cantidad de libros en papel que adquiera sea significativamente menor que las lecturas que me bajo de la red, pero eso está más relacionado con mi capacidad económica que con otra cosa (y sobre lo cual pienso explayarme en otra ocasión).

Sin embargo, el medio digital es un excelente complemento, ideal para muchas cosas y con potencial para pasar de ser actor secundario a adoptar el papel protagonista: contacto entre autores, difusión de material novel o consagrado, “evangelización” del medio, etc. Pero de todo esto último también hablaré en una próxima entrega.

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Sin duda, la sensación de los dos últimos días (uno de expectativa y otro de presentación) ha sido el navegador del Todopoderoso (no el de Secret Wars): Google Chrome. Y no, no te has equivocado de blog. Esto no es TecnoKid, es NuestrosComics.

Entonces, ¿a que viene hablar de Google Chrome? Pues porque Google ha presentado su nuevo y sorpresivo producto nada menos que con un cómic dibujado por Scott McCloud.

Scott McCloud es uno de los autores más relevantes del mundo del cómic desde que realizo dos obras básicas para comprender el funcionamiento de este medio que amamos: Entender el cómic y La revolución de los comics.

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Debo decir que cuando vi por primera vez el cómic de Google, me quedé sorprendido. Lo admito: no reconocí a McCloud en un principio porque no se me ocurría que hubiera algún nexo entre él y los de Mountain View. Sin embargo, la narrativa me pareció magnifica, respetando los principios para realizar un cómic didactico. Y como no se iban a respetar esos principios, si era McCloud quien me los había enseñado y era él mismo quien lo dibujaba.

De nuevo Scott McCloud nos demuestra que el cómic es un excelente vehículo para la transmisión de conocimiento, de cualquier conocimiento, y lo hace por la mejor vía: la puesta en práctica. Claro, que no se trata de un webcomic. Como el mismo McCloud explica, se trata de una serie de páginas diseñadas para imprimirse y distribuirse entre periodistas y bloggers.

Dejando a un lado la calidad del navegador, felicitar a Google por elegir a uno de los mejores ensayistas en cómic para hablar de su producto. En este aspecto, somos los aficionados al medio los que salimos ganando.

Web para leer el cómic de Google Chrome (en inglés): en total son 39 páginas (la última es unos escuetos créditos).

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Humor negro e inteligente es lo que podemos encontrar en la tira “The Perry Bible Fellowship“. Su autor, Nicholas Gurewitch, no deja títere con cabeza cuando toca cualquier tema que se le ocurra, sea haciéndolo con una mano de ironía o recurriendo al surrealismo.

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Lo que más llama la atención de “The Perry Bible Fellowship” son los diferentes estilos que su autor utiliza de tira en tira, aunque parece haberse “estabilizado” en las últimas que han aparecido, continuando con un trazo sencillo, poco pretencioso, que contrasta fuertemente con el contenido de sus viñetas.

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La tira tiene su origen en el periódico The Daily Orange, una publicación estudiantil realizada en la universidad de Syracusa, New York. Actualmente, aparece en 21 periódicos, 5 revistas y 5 periódicos estudiantiles.

Aparte de eso (y su aparición en la web), también cuenta con una recopilación en papel: The trial of Colonel Sweeto and other stories.

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Acerca de esta obra, Scott McCloud dijo “PBF es hilarante y fucked-up (no sé traducirlo, de verdad) de una manera muy sublime”. Mark Millar, por su parte, dijo que era el mejor creador de tiras desde Bill Watterson. Además, se ha llevado ocho Web Cartoonist’s Choice Awards dentro de varias categorías. En 2007, se llevó el Harvey Award al Mejor Cómic en línea. Con referencias así, vale la pena pasarse por su rincón en la web.

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Libros “de texto” en cómic

5738Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje”, y en esta afirmación se ampara Will Eisner cuando trata de explicar, en su libro “La narración gráfica”, la razón por la que el cómic ha sido menospreciado como medio de comunicación: “Su formato y sus imágenes coloreadas han dado por sentado que su contenido era muy sencillo”. En los últimos veinte años han aparecido obras que han dado al traste con esta creencia demasiado generalizada… pero no lo suficiente. Sin embargo, también en los últimos años ha habido una corriente pedagógica que ha luchado por incluir al cómic dentro del currículum escolar, aunque siempre sin pasar más allá de utilizarlo como herramienta secundaria de apoyo para el desarrollo de destrezas lingüisticas.

El cómic es una herramienta didáctica de primer orden: por su propia lógica interna, divide la información en trozos, lo que la hace más fácil de asimilar. Las imágenes que acompañan a estos trozos refuerzan la información que transmiten y, en muchos casos, la amplían.

entenderpageUn cómic educativo puede emplear dos técnicas principales (aunque se le puede echar imaginación al asunto). Por un lado, puede narrar una historia bajo el paradigma convencional de planteamiento-nudo-desenlace, incorporando en ella los hechos, aspectos o detalles que nos interesa que los alumnos aprendan y luego añadir un apéndice que señale todos esos elementos y amplíe la información sobre ellos.

La otra técnica es más próxima a la historia ilustrada: un narrador explícito o implícito desarrolla secuencialmente los temas a tratar, empleando los dibujos como apoyo estético, en unos casos, o para ampliar la información en otros, pero siempre respetando las convenciones del cómic, dotando a la narración de una fluidez que la haga fácil de leer. Para esto es necesario considerar a un cierto número de viñetas como una sola unidad narrativa, y no tan sólo a cada viñeta de manera individual, pues entonces la fluidez narrativa se entorpece y deja de existir.

Otro elemento a tener en cuenta es la realización de los dibujos, que dentro de su corrección han de ser sencillos, sin más detalles de los indispensables. Nada de preciosismos ni florituras en la línea, ni tampoco exceso de tonalidades en el entintado. Es mejor algo aproximado a la línea clara francobelga que a los “Spawn” o “Danger girls” recargados de Image.

McCloudEl cómic tiene en semejanza con el cine que permite presentar información de manera que sea asimilable con poco esfuerzo. Es precisamente la prima del cine, la televisión, la que con su mínimo de exigencias hacia el espectador ha hecho que se extienda un hábito de pereza mental en actividades de mayor demanda intelectual, como la lectura. Pero el cómic, a diferencia de sus otros dos primos (porque están unidos por lazos sanguineos, no nos olvidemos de eso), aún demanda del lector un mínimo de intervención al tener que recrear en su cabeza los sonidos y el movimiento, lo cual ya es una actividad intelectual. Quizá sea precisamente esta actividad la que permite que los lectores habituales de comics se conviertan luego en su mayoría también en lectores habituales de libros. Acostumbrados ya al esfuerzo de realizar una recreación mental de unos pocos elementos, luego resulta más fácil esforzarse un poco más y entonces llevar a cabo una recreación de todos los elementos, como es necesario hacer en la literatura. Así, la introducción del cómic como medio para transmitir conocimiento causaría un efecto colateral sumamente útil, deseado y buscado por los profesores: la iniciación adecuada y el fomento del hábito de lectura. Esto se convierte casi en un imperativo en una sociedad que sumerge a los alumnos en un océano audiovisual donde los procesos intelectuales se adormecen perezosamente al recibir todo masticado.

Con su fuerza visual expresiva actuando en conjunción con el texto, el cómic se convierte en un arma muy eficaz para la enseñanza. Por lo visto (y aunque lo he comprobado en mi mismo, no recuerdo la fuente de donde saqué esta información), retenemos más información cuando la leemos que cuando la escuchamos. Esto hace que los medios audiovisuales permanezcan en desventaja a la hora de erigirse como un elemento pedagógico completamente autónomo, si bien pueden ser un excelente apoyo. Sin embargo, el cómic, bajo los parámetros adecuados, puede servir para realizar libros de texto completos que sean más entretenidos de leer que muchos de los mamotretos que emplean las escuelas.

Para que el cómic se expanda dentro del campo educativo hace falta que colegios, editoriales y sobre todo artistas se animen a probar la experiencia.

Yo ya lo he hecho, y creo que funciona.

2007-07-17_011514La mayoría de los webcomics son tiras, y me arriesgaría a decir que tiras humorísticas. Este género, nacido en los periódicos y que se configuró por medio del pequeño espacio del que disponían, hizo de sus limitaciones sus fortalezas. Las tiras tienen sus propias leyes, al igual que la plancha o historia de una página, las historias cortas, las novelas gráficas y las series y miniseries. Como he dicho, fue la limitación de espacio la que construyó las leyes de la tira, o los fabulosos creadores que sabían que, por estos lares, la limitación es mejor que la libertad absoluta. O como dicen por ahí, que un buen jugador juega bien en cualquier cancha.

Resulta curioso que la mayoría de los creadores de cómic, al hacer algo para la web, elijan el formato tira, o que como mucho se llegue al gag de una página, o a la página individual, pero parca en viñetas (¿podemos hablar de páginas en el entorno digital?). Y todo esto resulta curioso cuando gente como Scott McCloud ya hizo sus pinitos explorando las posibilidades del entorno web (muy interesante ese número de Zot! que hay en su web). Pero, ¿por qué no cuajó? ¿Por qué hay más tiras que otros formatos?

2007-07-17_011624Muy sencillo. Hagamos una reconstrucción del proceso mental de los primeros creadores de tiras. La cosa debió ser más o menos así: un buen día, el director del periódico le dice a su amigo, que dibuja muy bien y hace unas historias excelentes: "Quiero que dibujes en mi periódico. Pero sólo te voy a dar una página". Entonces, el creador comenzó a hacer historias de una página que continuaban de un día para otro. Luego, el mismo director le dijo "Hace falta espacio para el horóscopo: ahora tienes media página". Y el creador giró la página y acomodó sus viñetas a un formato apaisado. Dos días después, vuelve el director: "Hace falta espacio para hablar del clima: tienes una línea de unos tres anuncios personales de alto para contar tu historia". Y el creador, que o utilizaba el espacio o se iba a la calle, pues decidió aprovecharlo. Pero no tardó en darse cuenta de algo que le decían muchos lectores: "Tus historias están muy bien, pero no puedo seguirlas. Continúan día a día y yo no leo el periódico todos los días". El creador decidió entonces que las historias tenían que ser cortas y autoconclusivas. ¿Y qué género se presta con la flexibilidad suficiente como para amoldarse a esos requisitos? Pues el humor.

Esta reconstrucción totalmente descontextualizada e imaginaria nos lleva a que la tira tomó la forma con la que más se extendió debido a la limitación de espacio. Pero, ¿por qué está siendo así en la web? Para mí, la respuesta está en la limitación de tiempo.

Caí en esto leyendo este artículo de Enrique Dans. Fijaos en esto: "Los productores de medios son cada vez más conscientes de ello: ante una generación dispuesta a entregar su atención con cuentagotas, los contenidos deben convertirse en auténticas píldoras, en algo que pueda ser consumido en un momento, de manera instantánea, en un tiempo de espera, en un taxi, en un ascensor. Auténticos snacks de información, chupitos en vez de copas, tapa en lugar de ración". ¿Y que es una tira sino un chupito de ocio, una tapa de divertimento?

tiraeseEs curioso darse cuenta de ello una vez que ya se ha dado el fenómeno. No creo que los creadores hayan llegado conscientemente a esa conclusión y decidieran todos en conjunto: "la tira es mejor porque la gente no tiene tiempo para leer". Seguro que han influido otros factores, como el tiempo que se le puede dedicar, las herramientas que se tienen a mano, el conocimiento de las mismas, etc. Pero ahora, dada la auténtica avalancha de información bajo la cual caemos sepultados todos los días, la tira resulta el medio ideal para popularizar el cómic en la web y de nuevo darle alas, tal y como ocurrió en sus primeros tiempos de expansión.

La tira (o la plancha) nos hace reír a carcajadas, sonreír o hasta enternecernos. Con el tiempo, vamos cogiendo cariño a los personajes. Se pueden perfectamente encadenar historias siguiendo un hilo argumental y, al mismo tiempo, permitir que éstas puedan leerse de manera independiente. Los nuevos creadores de cómic, los próximos personajes que nos van a entretener a diario están ya en la web. Ellos serán los que terminen viendo sus historias impresas por demanda popular.