De entre el aluvión de novedades publicadas en el Salón del Cómic, una de las que mayor curiosidad me creaba era el Estela Plateada de J. M. Straczynski. El creador de Babylon 5(serie de culto para los amantes de la ciencia ficción), tiene un amplio bagaje a sus espaldas, suficiente para poder llevar a buen puerto un proyecto con el heraldo mas conocido de Galactus.
Para enteder lo importante que es el proyecto para Marvel, no hay mas que fijarse en el formato elegido para su publación: Novela Gráfica. Este término, usado de forma arbitraria en la mayoria de ocasiones, nos indica que no estamos ante un cómic tradicional, sino ante algo que queda a medio camino entre el relato escrito y la viñeta (de ahí el denominarlo novela gráfica). Y es que, aunque maltratado en muchas ocasiones por guionistas que no supieron darle el tono adecuado, Estela es de esos personajes que se prestan a ofrecernos una historia fuera del género superheróico al uso. Si recordamos los inicios del personaje, vemos como si de un Prometeo se tratase, se rebeló contra su Dios particular, Galactus, impidiéndole devorar nuestro mundo. Eso le llevó a aceptar la condena de no poder surcar las estrellas y quedar atrapado en la Tierra. Incluso su génesis estaba plagada de esos tintes de tragedia griega; Sacrificó su vida para impedir que el Devorador de Mundos acabara con su planeta natal, Zenn-la. Stan Lee y Jack Kirby, no sólo crearon un jinete del Apocalipsis, mensajero de la muerte, sino que jugaron con que el mundo originario de Norrin Radd predicaba el pacifismo. De ahí que la tortura que se generaba en el personaje le hiciera mas atractivo si cabe. Además, su experiencia vital de no violencia y altruismo, chocaba con el egoismo de los seres humanos. Todas sus dudas metafísicas y filosóficas las pudimos seguir en su primera serie, dibujada magistralmente por John Buscema.
Después, con muchos altibajos, le vimos en manos de John Byrne, Jim Starlin...incluso llegó a los 146 números en su segundo volumen. Pero nadie dió con el espíritu del personaje, al menos tal y como le conocimos en su primeras apariciones.
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