De todos los tomos que Panini ha publicado en el presente mes, uno de los que mas dudas me creaba era el dedicado al Hombre de Hierro. ¿Motivos? Adam Warren, un guionista al que no le veo metido en faena con el cómic de superhéroes de toda la vida. De hecho, en su incursión en Gen 13, hizo que terminara por dejar la colección. Sus guiones se acercaban tanto a esos mangas para adolescentes, vacíos y en el que una chica enseñando su ropa interior, son suficiente para justificar toda una página, me parecían aburridos. Ojo, con esto no quiero decir que todo el manga para adolescente sea vacío, porque los hay interesantes y divertidos, pero justamente el estilo que Warren utilizó para Gen 13, era ese de, «ahora coloco a una chica sexy y todos contentos».
¿Por qué entonces me he hecho con la miniserie?. Como diría un profesor, buena pregunta. La espera de años para ver a Iron Man de nuevo en primer plano, hace que todo lo relacionado con él merezca una oportunidad. Por otro lado, el dibujo no está en manos de Warren, lo que me hacía respirar tranquilo. Aunque el dibujante trabajaría sobre los bocetos del guionista, siempre les daría su toque personal, perdiendo el tan famoso estilo «amerimanga». No tengo nada en contra de este estilo, pero si que de los autores americanos con influencias orientales, éste es el que mas cerca está de ese manga de ojos enormes y peinados imposibles. Y no veía yo a Tony Stark convertido en una mezcla de Pokemon con armadura.
Y, ¡oh sorpresa!, cuando abro la primera página, me encuentro una historia eléctrica, cinética (palabra que aparece mas de una vez en la miniserie) y terriblemente acelerada. Tras Iron Man: Inevitable, o la propia serie regular, encontrarse con un cómic de acción pura es refrescante.
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