
“Siempre hay derramamiento de sangre”
Los amantes del paleofuturo o retrofuturo están de enhorabuena con la publicacion de Terminal City, miniserie del sello Vértigo, cuya aparición en los USA data de 1996. Durante nueve entregas, Dean Motter y Michael Lark, nos muestran la vida (y muerte) en Ciudad Terminal.
Decimos que es todo un regalo para los amantes del paleofuturo, porque en toda la miniserie nos muestran cómo sería la ciudad del futuro…vista en los años 20. La primera impresión es estar frente a Metrópolis, de Fritz Lang. Robots, rascacielos inacabables y, sobre todo, la sensación de quien está terminal es la propia sociedad que habita la ciudad.
Dean Motter consigue crear la sensación de que Terminal City existía mucho antes de que comenzara a narrar su historia. Terminal City comienza eligiendo un momento concreto, abriendo una ventana a la ciudad y cerrándola al terminar la trama. Una de las claves para lograr este efecto, es no centrar la acción en un único personaje, sino en crear una obra coral, donde los personajes/habitantes de la ciudad vienen y van. Es cierto que tenemos a tres/cuatro personajes que van hilvanando la acción. Cosmo Quin (La Mosca Humana), B.B, Charity…a través de su pasado y su presente, van dando cuenta del ritmo de la ciudad.
A ratos consigue recordarme a Top Ten, la serie de Moore, o incluso a Watchmen, no por la historia sino por la forma de encarar a personajes y escenarios crepusculares. Motter, quien parece dado a las ciudades “retro” (antes describió la maravillosa Radiant City en Mister X en los ochenta. En esta ocasión, la trama se inicia con la aparición de una maleta, la misma(o no) aparecida en el mismo momento en el que Cosmo Quin caiga en desgracia y pasaba a ser un simple limpiacristales. Con toques de serie negra, vamos viendo que la maleta es del interés de prácticamente toda la ciudad. Mucha de la acción se desarrolla en un club, algo que me traslada a Casablanca y al Rick’s.
Cuando termina, uno sabe que hay decenas de historias por contar, ya sea del pasado, presente o futuro. Finaliza sin estridencias, como la vida misma, tratando a los personajes como seres anónimos para el resto de habitantes de Terminal City.
VALORACIÓN:AA
Una extraordinaria obra. Recomendable





